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martes, 11 de noviembre de 2014

¿Cómo pueden desarrollar la capacidad memorística los padres y los docentes en los niños, niñas y jóvenes?




Es frecuente escuchar que los padres se quejan porque sus hijos “olvidan todo” y responden “no me acuerdo” a cualquier pregunta sobre sus deberes escolares, sus labores en el hogar o hasta por los conocimientos que adquieren.

Los problemas de aprendizaje asociados con una pobre memoria operativa son sustanciales y en algunos casos son tan severos que requieren de educación especial. Muchos estudios han mostrado que una pobre memoria operativa es una característica de niños con trastornos en el aprendizaje tanto en lecto-escritura como en matemáticas.

Teniendo esto en cuenta, es importante que los maestros puedan detectar los niños con limitaciones en la memoria operativa en el aula de clase con el fin de determinar la manera como pueden diferenciar el trabajo académico de acuerdo con sus necesidades.

Los niños con limitaciones en la memoria operativa presentan dificultades en los siguientes comportamientos en el aula  de clase, los cuales se elaborarán posteriormente:

  • Su progreso académico es lento
  • Olvidan las instrucciones
  • Fallan en la realización de actividades que exigen almacenamiento y procesamiento simultáneo
  • Se pierden en el ejecución de tareas complejas
  • No retienen los aprendizajes a largo plazo
  • Participan poco en clase
  • Simplifican las tareas utilizando mecanismos automatizados
  • No monitorean el trabajo académico
  • Parecen presentar problemas atencionales


Su dificultad hace que se frustre durante la realización de actividades académicas y por lo tanto se desmotive.  Finalmente, su autoestima termina siendo vulnerada.  Por lo tanto, se hace necesario que los maestros tomen medidas para apoyar a estos niños en el aula de clase.

La cuestión, sin embargo, no es tan sencilla. Es necesaria la motivación y la atención para lograr recordar. Si analizamos las fallas de memoria, podemos encontrar que algunos niños olvidan datos que no les interesan, como un mensaje que le dejan a la madre por teléfono. Pero no pedir dinero para la merienda o que el padre dijo que irían a comer un helado.

En esta problemática intervienen muchos factores más. Puede deberse a que los niños dedican buena parte del tiempo a ver televisión; no tienen conversaciones largas con sus padres, están absortos a la PC, los juegos tecnológicos y teléfonos celulares.

Agrava la situación la actitud de los padres. Si ante un olvido de algo importante o urgente, no pasa nada, no hay una consecuencia, es imposible que el niño aprenda tempranamente que debe poner empeño en recordar y cumplir con lo que se espera de él. Y si, por el contrario, no recibe felicitación cuando hace el esfuerzo, es posible que pierda interés al ver que no aprecian lo que hace bien.

Si el niño no recuerda en dónde dejó un juguete y al otro día tiene uno nuevo, los padres lo están volviendo irresponsable.




Para ejercitar la memoria los padres pueden contribuir en el hogar de la siguiente manera:

  • Motive a sus hijos a participar en la vida cotidiana, jugar y hacer rondas, enviar mensajes sencillos, realizar dibujos con detalles próximos a la realidad y recordar eventos en secuencias lógicas.
  • Promueva el orden en las actividades diarias. La desorganización generalmente se acompaña de muchas fallas de memoria.
  • Invítelos a recordar en dónde dejaron un juguete y a que vayan a rescatarlo; a leer rimas y canciones y cuentos, y a narrarlos en sus propias palabras. También a realizar operaciones matemáticas rápidamente, a armar rompecabezas y a participar en juegos de mesa que cada vez les signifiquen más tiempo.
  • Planee en orden las actividades y estimule el aprendizaje y la activa participación, pues se ha comprobado que se recuerda más fácilmente cuando el niño explora y encuentra una respuesta, que cuando la escucha de un adulto.
  • Evite que permanezca horas frente al televisor. En cambio, motívelo a jugar con sus hermanos o amigos a actividades lúdicas, interesantes y de creatividad.
  • Felicite al niño cuando se esfuerce en recordar, aunque al principio requiera de algunas ‘pistas’ de parte del adulto.
  • Hágalo reflexionar sobre las consecuencias que tiene olvidar algo que es importante para los padres o para él mismo.




Lo que debería evitar hacer como padre:

·         No deje que sus hijos respondan “no me acuerdo” como una forma de evitar la búsqueda de un objeto que dejaron en cualquier parte. Es el mecanismo que utilizan para que usted u otra persona se encarguen de encontrarlo. Lo emplean también para no tener que dar explicaciones, para no contar algo o simplemente no establecer comunicación.

·         Si olvidan frecuentemente el cuaderno con la indicación de la tarea, no les ayude a buscar la información con los compañeritos. Tampoco les ayude a resolver a última hora los deberes que dejaron pendientes, como la compra de materiales para un trabajo. Los niños deben aprender a enfrentar las consecuencias de sus faltas de atención con los deberes escolares que se les asignan.

·         No los deje sin ayuda. Si el caso de falta de memoria es muy notorio y perjudica la convivencia familiar pero también el rendimiento académico, es importante buscar ayuda con el psicólogo o el terapeuta. Igual si los olvidos son cada vez más frecuentes.

·         No los regañe ni les diga cosas como ‘es el colmo que no te acuerdes’ o ‘en qué mundo vives’. Mejor motívelos a recordar.





Qué deben tomar en consideración los docentes para desarrollar y fortalecer la memoria de los educandos:

 La especie humana es la que educa a sus crías. Esta es su mejor definición, porque reconoce que somos una mezcla de biología y cultura. Las investigaciones epigenéticas revelan que el modo de vida, la experiencia, la educación, determinan la expresión genética. Ese es el fundamento biológico que nos permite afirmar que talento no está al principio, sino al final del proceso educativo.

La posibilidad de educar deriva de nuestra capacidad de aprender y de utilizar lo aprendido. Llamamos “memoria” a la facultad de conservar y utilizar nuestra experiencia, y llamamos “aprendizaje” al proceso por el que se adquiere un conocimiento, un hábito afectivo o una habilidad intelectual o motora.

Aprendemos de muchas maneras: mediante priming, habituación, respuestas condicionadas, aprendizaje semántico, imitación, y también mediante la acción. Todas se basan en la enorme facultad de la memoria.

Los expertos han  identificado distintos tipos de memoria. Son conceptualizaciones hechas desde diversos puntos de vista, y que por eso se solapan a veces, y resulta difícil integrarlas en un modelo único. Los principales tipos son:

-Memoria episódica o anecdótica (hechos) y memoria semántica (conceptos generales). La memoria de los perros que he tenido es episódica, los conocimientos que tengo sobre perros es memoria semántica. Últimamente se ha añadido la memoria afectiva, que conserva las experiencias emocionales en un “archivo” aparte.

- Memoria implícita y explícita. La primera actúa sin que tengamos conciencia de cómo actúa y corresponde en gran parte a la memoria procedimental. Sé montar en bicicleta, pero no sabría explicar lo que hago para mantener el equilibro. El juego de Rafael Nadal se basa en su memoria muscular, en la que están depositados todos sus entrenamientos, que, sin embargo ha olvidado.

-Memoria de reconocimiento  y de evocación. La memoria de reconocimiento actúa automáticamente. Veo un rostro y lo reconozco. El recuerdo es activado por el estímulo. Esta memoria funciona constantemente y es poderosísima. Cuando entra en nuestro campo perceptivo algo “no reconocible”, se alarma.

La memoria de evocación, en cambio, puede ser activada  voluntariamente por nosotros, por ejemplo, haciéndonos preguntas. ¿Qué hice ayer?  En ocasiones, la memoria presenta a la conciencia recuerdos no buscados. Y cuando  me encuentro en un estado emocional  (por ejemplo, triste) se activan los recuerdos que sintonizan con ese sentimiento (recuerdos tristes).


-Memoria a corto y a largo plazo. Se entiende por “memoria a corto plazo” la que mantiene la información mientras estoy realizando una tarea, y que, cuando la termino, desaparecen. Tradicionalmente se ponía como ejemplo mantener en la memoria un número de teléfono mientras se marcaba. Pero en la actualidad tenemos que ampliar el concepto, porque el campo de la memoria a corto plazo se ha hecho peligrosamente amplio.   
        
Nuestros educandos la utilizan cada vez mejor cuando trabajan utilizando la memoria del ordenador. Pueden mantener la información  mientras hacen el trabajo, pero la olvidan en cuanto lo han acabado. Este es un problema educativo grave.

La memoria a largo plazo, en cambio, mantiene lo aprendido durante mucho tiempo, con independencia de la tarea. El paso de una información de la memoria a corto plazo  a la memoria a largo plazo es transcendental para el aprendizaje. En ocasiones se hace de manera involuntaria. Una emoción profunda, sentida una única vez, puede dejar una huella imborrable, pero al hablar de educación tenemos que referirnos a modos previsibles y controlables de incorporar conocimientos o procedimientos a la memoria a largo plazo.

En los últimos años se ha ido elaborando una teoría más dinámica de la memoria y ya no se la considera una especie de almacén, sino un sistema activo de gestión de la información conservada. Se ha investigado por ello con mucha intensidad la memoria de procedimientos y habilidades. Se puede aprender “geografía” y también se puede “aprender a pensar” o “aprender a inventar”.



       Algunas sugerencias que permiten desarrollar la memoria en el salón de clase:

  • Determinar límites y normas claras de trabajo en aula, recordándoselos diaria y preventivamente, por lo menos en cuatro momentos de la jornada escolar: Al comenzar el día de trabajo; antes de salir al recreo; al regresar del recreo o antes de iniciar las actividades de salida.


  •  Después de las reglas que se le han asignado, hacer que ellos las escriban y las entiendan, ya que los niños establecen confianza en la medida en que saben qué se espera de ellos.

  • Se sabe que las actividades largas agotan rápidamente a aquellos que presentan déficit de atención y suelen mostrar respuestas emocionales tales como: "Yo nunca seré capaz de hacer esto (...) no puedo hacerlo (...) no sé (...) esto es difícil?, por lo que será necesario dividir las actividades largas en varias actividades cortas y por lo tanto el niño dejará la sensación de estar agotado y en el caso de los niños pequeños puede evitar "la aparición de pataletas" que son base de la frustración anticipada.


  • Siendo la memoria un problema frecuente en estos niños, es imprescindible enseñarles algunos "trucos", como: claves, ritmos, códigos y similares pueden ayudar a incrementar la capacidad mnésica (Memoria inmediata).

La memoria nos permite hacer muchas operaciones, no sólo repetir lo aprendido. Esta es su función mínima y por eso es injusto considerarla su única función. Al percibir un objeto,  interpretamos los meros datos sensoriales a partir de la memoria. Cuando razonamos estamos utilizando la memoria, y cuando inventamos o creamos, también.

Como necesitamos fortalecer y desarrollar los diferentes  tipos de memorias en nuestros niños, el siguiente material es interesante como referente para encontrar estrategias prácticas para desarrollar la capacidad memorística de los educandos durante nuestras clases.






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