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lunes, 18 de mayo de 2015

El Síndrome de Solomon y Cómo Podemos Vencerlo


Se dice que padecemos el síndrome de Solomon cuando tomamos decisiones o adoptamos comportamientos para evitar sobresalir, destacar o brillar en un grupo social determinado. Y también cuando nos boicoteamos para no salir del camino trillado por el que transita la mayoría. De forma inconsciente, muchos tememos llamar la atención en exceso –e incluso triunfar– por miedo a que nuestras virtudes y nuestros logros ofendan a los demás. Esta es la razón por la que en general sentimos un pánico atroz a hablar en público. No en vano, por unos instantes nos convertimos en el centro de atención. Y al exponernos abiertamente, quedamos a merced de lo que la gente pueda pensar de nosotros, dejándonos en una posición de vulnerabilidad.
El síndrome de Solomon pone de manifiesto el lado oscuro de nuestra condición humana. Por una parte, revela nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, creyendo que nuestro valor como personas depende de lo mucho o lo poco que la gente nos valore. Y por otra, constata una verdad incómoda: que seguimos formando parte de una sociedad en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajenos. Aunque nadie hable de ello, en un plano más profundo está mal visto que nos vayan bien las cosas. Y más ahora, en plena crisis económica, con la precaria situación que padecen millones de ciudadanos.

Solomon Asch (n. 14 de septiembre de 1907 - 20 de febrero de 1996)

¿Cuál es el origen del Síndrome de Solomon?
Se volvió famoso en la década del 1950 debido a los experimentos de Solomon Asch quién fue un psicólogo estadounidense mundialmente conocido y prestigioso debido a sus trabajos pioneros en psicología social. Que condujo sobre la conformidad, donde se demostró que la presión social sobre las personas puede inducirlas voluntariamente al error.
El referido experimento sobre conformidad fue uno en el cual a los participantes se les mostraba una tarjeta con una línea impresa en ella, seguidamente se les mostraba otra tarjeta en la cual aparecían tres líneas impresas, cada una con una etiqueta diferente (a, b, y c). Se solicitó a cada participante en el experimento que indicara cuál de las líneas etiquetadas coincidía con la línea mostrada en la primera tarjeta. Al principio, el participante se sentía muy confiado, en la medida que daba respuestas correctas junto a los otros participantes. Pero luego, los otros "participantes", ubicados en frente del sujeto, empezarían a dar en conjunto una respuesta errónea. Solomon Asch pensaba que la mayoría de las personas no se conformaría con algo obviamente erróneo, pero los resultados mostraron que un alto número de participantes dieron la respuesta incorrecta.



¿Qué hay detrás de este tipo de conducta?

Detrás de este tipo de conductas se esconde un virus tan escurridizo como letal, que no solo nos enferma, sino que paraliza el progreso de la sociedad: la envidia. La Real Academia Española define esta emoción como “deseo de algo que no se posee”, lo que provoca “tristeza o desdicha al observar el bien ajeno”. La envidia surge cuando nos comparamos con otra persona y concluimos que tiene algo que nosotros anhelamos. Es decir, que nos lleva a poner el foco en nuestras carencias, las cuales se acentúan en la medida en que pensamos en ellas. Así es como se crea el complejo de inferioridad; de pronto sentimos que somos menos porque otros tienen más.
Bajo el embrujo de la envidia somos incapaces de alegrarnos de las alegrías ajenas. De forma casi inevitable, estas actúan como un espejo donde solemos ver reflejadas nuestras propias frustraciones. Sin embargo, reconocer nuestro complejo de inferioridad es tan doloroso, que necesitamos canalizar nuestra insatisfacción juzgando a la persona que ha conseguido eso que envidiamos. Solo hace falta un poco de imaginación para encontrar motivos para criticar a alguien.
El primer paso para superar el complejo de Solomon consiste en comprender la futilidad de perturbarnos por lo que opine la gente de nosotros. Si lo pensamos detenidamente, tememos destacar por miedo a lo que ciertas personas –movidas por la desazón que les genera su complejo de inferioridad– puedan decir de nosotros para compensar sus carencias y sentirse mejor consigo mismas.
  
   ¿Y qué hay de la envidia? ¿Cómo se trasciende?

Muy simple: dejando de demonizar el éxito ajeno para comenzar a admirar y aprender de las cualidades y las fortalezas que han permitido a otros alcanzar sus sueños. Si bien lo que codiciamos nos destruye, lo que admiramos nos construye. Esencialmente porque aquello que admiramos en los demás empezamos a cultivarlo en nuestro interior. Por ello, la envidia es un maestro que nos revela los dones y talentos innatos que todavía tenemos por desarrollar. En vez de luchar contra lo externo, utilicémosla para construirnos por dentro. Y en el momento en que superemos colectivamente el complejo de Solomon, posibilitaremos que cada uno aporte –de forma individual– lo mejor de sí mismo a la sociedad.


Alejarse de las personas toxicas 


Una persona tóxica es aquella que, en la relación interpersonal, desgasta, intimida, cosifica al otro, lo culpabiliza, lo ningunea.

En esta ocasión, vamos a ver que existen diferentes tipos de personas “tóxicas”, cada una de las cuales usa un mecanismo de actuación distinto y que podemos hacer, cómo nos podemos comportar, cómo lo debería haber hecho la Diana del caso presentado, para no ser “arrolladas” por las mismas.



¿Cómo distinguir una relación “sana” de otra “tóxica”?

Debemos rodearnos de un entorno favorable pero ello no es tan fácil ya que hay que saber escoger las personas con las que compartimos nuestro tiempo, porque ello influye en nuestro desarrollo personal o profesional. Y es que si elegimos una persona “tóxica”, por error, impide o limita dicho crecimiento.

Por ejemplo, todos hemos tenido la sensación, de estar “exhaustos” o “desgastados” después de una reunión profesional o tras un encuentro familiar. Esas personas que nos son las “tóxicas” y es importante empezar a reconocerlas.

Porque, muchas veces, nos quejamos sobre el comportamiento de alguien respecto a nosotros, pero no  acabamos con la relación. Al contrario, con el tiempo, acabamos adoptando algunas de las actitudes de estas personas, sin damos cuenta que estamos más negativos que antes.

Hay algunas relaciones que no podemos escoger como la familia,pero sí que podemos definir el modo en el que nos relacionamos, cuánto contacto o relación queremos tener.Las personas  “sanas” nos aportan bienestar ya que el contacto con ellas, nos  hace sentir con más energía, autoestima o motivación.

Los tipos de personas “tóxicas” más frecuentes y qué hacer para vencerles:


El Quejica

Es el que se queja si las cosas van mal y si van bien, también.Han aprendido a hacer  de la queja un hábito y, debido a ello, estan siempre enfadados

Qué hacer: quejarse aún más que ellos porque si se le intenta minimizar la queja, se crecen.

El Agresivo

Intimidante, ofensivo,inseguro ,agresivo propiamente dicho.

Qué hacer: lo más sencillo, ignorarlo.Sin embargo, existen técnicas asertivas como la del disco rallado que consiste en contestar,sistemáticamente, con un  “vale, o “de acuerdo” o un “no me interesa”.

El Culpabilizador

Es el que cree que cuando le va bien es debido a sus méritos por él, y cuando le va mal, es  debido a los deméritos de los otros.

Qué hacer: ante todo, levantar la autoestima y darnos permiso para disfrutar; “No tenemos la culpa de las decisiones de los demás”

El Envidioso:

Siempre se está comparando con alguien; “el vecino que tiene un mejor coche,Luis se ha ido a vivir a un ático de una zona de lujo, Marta que se ha ido de vacaciones a Ibiza…” Al pensar que no puede lograr algo que desea, siente una profunda angustia. Y, entonces, descalifica a quién sí lo posee  porque calma su angustia viendo mal al otro.

Qué hacer: no contar las cosas buenas que nos pasan a todo el mundo sino elegir a quienes sabemos que se alegrarán por y con nosotros.

El Jefe Autoritario

La persona “tóxica” que se halla en alza. Incita miedo en sus subordinados, a quien le gusta llamar “miembros del equipo” pero necesita sentir que tiene el control.

Qué hacer: si sabemos que esta persona no es autoritaria y que, quizás, pasa por un mal día, admitamos que todos necesitamos caricias y halagos.Sin embargo, si se prolonga, se debería tener una conversación con el mismo  que, si no es fructífera, debería hacer replantearse la posibilidad de alejarse ante el riesgo para su salud emocional.

¿Tienes un amigo tóxico?

En primer lugar, deberíamos reconocerlo; los amigos tóxicos son los que dicen ser tu amigo, pero sus acciones duelen, ya que su conducta no es la propia de una amistad. Las puedes reconocer por las siguientes características:

a.- Camuflan sus sentimientos de egoísmo.

b.- Cuando se tratan de sus problemas, ocupan muchas de tus horas explicándotelo todo pero no esperes lo mismo si eres tú quién necesita ser escuchado “me coges en un mal momento”, “estoy muy liado, te llamo”.

c.- Suelen romper sus promesas, usando para ello excusas “baratas” “¡ es que no te vas a creer lo qué me pasó!”.

d.- Siempre quieren estar por delante de ti. Si le explicas que has tenido una oferta laboral que aún no te puedes creer, te cuenta que le ofrecieron algo muchísimo mejor; si le explicas que tienes un dolor tremendo en la espalda, él te dirá que, precisamente, la noche anterior estuvo en urgencias por un dolor mucho mayor.

e.- No sabe guardar un secreto, y cuenta al círculo de amistades aquello que le pediste que no contara.

f.- Es un manipulador, de manera que acabas creyendo que si lo alejas de tu círculo de amistades, podría dañar tu imagen social.

g.- Es el protagonista de todas las conversaciones y no le gusta cambiar de tema porque se encuentra el mejor tema de conversación posible.

h.- Este tipo de amistades sólo traen negatividad, por ello es preferible romper con ellas y cultivar sólo aquellas que te proporcionen bienestar  y positividad.

Cómo vencer a las personas “tóxicas”. La ayuda del psicólogo:

Lo más importante que debemos hacer para”desintoxicarnos” de estas personas, consiste en:
Comunicarse de forma efectiva, afrontando lo que nos molesta del otro y los errores que, nosotros mismos, podamos cometer.

Mantener el sentido del humor. Relajar las tensiones y divertirse, con ello permite responder a la persona “tóxica” y conseguir el beneficio de la risa. Recordemos que la risoterapia proporciona muchos beneficios, tanto directos como indirectos.

Es importante no pensar todo el tiempo en el “tóxico”, ya que esto sólo contribuye a amplificarlo, porque la mente focaliza a la persona hasta que la puede llegar a colapsar. Obviamente, ello es perjudicial. Podemos usar la técnica de parada de pensamiento consistente en que, cuando se llega a este punto basta con decir “¡stop! ¡para ya!” o dar una palmada , al mismo tiempo que se acompaña de frases positivas como” mi vida es muy valiosa” o “soy feliz” Hay que saber que las personas “tóxicas” no intoxican a quien quieren, sino a quien pueden, es decir, a aquellos que no les ponen límites, que no les van a decir que no…Es entonces, y sólo entonces, cuando el “tóxico” es capaz de entrar en su círculo, aprovechándose de que la otra persona le abre la puerta con total confianza.

Hay que intentar convertir el enfado en amabilidad por muy difícil que pueda parecer, ya que es la mejor respuesta frente a muchos que van de prepotentes por la vida. Los motivos de esa forma de comportarse son, en realidad, la inseguridad y la falta de amor propio.

Otra forma de “desintoxicarse” consiste en desprenderse de cualquier emoción con respecto a la persona ”tóxica” para lo cual la sacaremos de nuestra vida, no nos preocuparemos por ella ni por lo que le ocurra sino que visualizaremos el hecho de dejarla atrás.

Si existen conflictos continuos, puede indicar que la persona “ tóxica” es uno mismo y no los demás. Eso no cambia mucho las cosas, porque el resultado es muy parecido: malestar continuo y dificultades para relacionarnos.




 Consejos para superar el miedo

1. Hay miedos buenos y miedos malos. Los buenos nos alejan del peligro real, los malos nos inmovilizan, no nos dejan avanzar y muchas veces son irreales, imaginados o exagerados.

2. Desligate del miedo, tu eres independiente de tu miedo. Su fuerza radica en que te identifiques con él y creas que eres tú.

3. No te escondas, ni te avergüences. El primer paso para enfrentarlo es reconocerlo y pedir ayuda. No te lo calles, el tiempo actúa en tu contra y a su favor. Esta batalla la tienes que luchar tú pero con toda la ayuda posible. Conoce a tu enemigo y ve a por él.

4. El miedo se supera enfrentándose a él, la ansiedad es una curva normal que cuando alcanza el máximo valor decae. Pero tenemos que pasar ese valor máximo para hacernos fuertes y debilitar al miedo.

5. El ejercicio también es un aliado contra el miedo, produce serotonina que ayuda a nuestro cerebro a funcionar con normalidad.

6. Ve paso a paso y celebra cada pequeño triunfo, poco a poco podrás conquistar lo que te propongas.

7. El yoga y la meditación serán excelentes aliados, llénate de buenas energías y expulsa las negativas.
8. Cambia los pensamientos disfuncionales por otros más positivos, si no sabes cómo hacerlo un psicólogo cognitivo te puede ayudar.




Les dejo un fragmento de un poema escrito por Marianne Williamson: Es nuestra luz, y no nuestra oscuridad, la que nos atemoriza. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿quién eres para no serlo? Infravalorándose no ayudas al mundo. No hay nada de instructivo en encogerse para que otras personas no se sientan inseguras cerca de ti. Esta grandeza de espíritu no se encuentra solo en algunos de nosotros; está en todos. Y al permitir que brille nuestra propia luz, de forma tácita estamos dando a los demás permiso para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, automáticamente nuestra presencia libera a otros”

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